jueves, 8 de octubre de 2009

-Vertedero del Insomnio-


La luna que es caprichosa, escupe con su colmilo de luz una densa niebla, misteriosa y juguetona que serpentea por los callejones son su figura de gato, con ese aroma a maltrato que tiene todas las horas malditas donde alguien miente para torturar a un inocente, esa mismas que ven impotentes como los resquicios de la cordura se pierden cuando el semáforo no cambia a verde y a toda velocidad los metales crujen y mueren los imprudentes.

Distantes, pero lejanos, se escuchan a cuenta gotas los rezos de las madres justas por esos hijos que perdidos se van astillando contra la paredes que contienen sus tropiezos de borrachos, mientras las vida se les va flotando por los caños. En este momento mudan todas las sombras sus puestos de negrura y venden todos los tiquetes de su rifa, desmantelando las valijas de las torpes luces de los postes. Ya no quedan horizontes. Todo es llano, oscuro y simple. Cómo acto predecible a la noche se le van cayendo una a una las estrellas mientras mi insomnio sigue balaceando el teclado.

A veces me detengo al borde de mis dedos, como si escribir fuera respirar. Luego prosigo la carrera loca de contarles con palabras. La noche avanza lenta moliendo el café de la oscuridad con estrellas, Lunas en menguante y postes encendidos.

Y yo me callo. Miro por mi ventana y repaso nuevos hechizos...

2 comentarios:

Tommy Alfaro dijo...

Excelente, lo somete a uno a la oscuridad pero lo hace identificarse con el escritor que agita la oscuridad de la noche para usarla de tinta.

Luna Purpura dijo...

Luna coqueta y media puta, testigo que enmudece para calmar a los ilusos. Lo ha visto todo desde su palco preferencial, y ha callado por miedo de herir la sensibilidad de la indiferencia, maldita la libertad de expresión que nos anestesió el corazón.

Y allí donde menos se piensa y se siente, nace un haz de luz que indica respuesta a las plegarias, pero esperan intensa y llamativa señal que no los deja mirar la pequeña pero efectiva solución. Y vemos fruncir el ceño ante el desentendimiento y la ignorancia, porque la falta de sueño, es la que mantiene al pobre diablo sin darse cuenta que ya ha muerto, pero que anda y anda buscando su alma perdida.

Saludos náufrago, la luna siempre te estará mirando teñida de púrpura...